Del odio a la desidia solo hay un paso

La mente humana nos sorprende olvidando toda clase de malos momentos, abusos y dolor. Lo hace para que sigamos adelante y podamos vivir tranquilos sin rememorar una y otra vez las malas pasadas y quedarnos pretificados ante el miedo o la vergüenza.

Por ejemplo, olvidamos el dolor del parto para poder tener más hijos. Si no fuera así probablemente la humanidad se extinguiría o se hubiera inventado algo para que los hombres también pudieran vivir esa repugnante, reconozcámoslo, experiencia.

Pues bien, aunque la naturaleza lo intenta, a veces no cumple al 100% con sus trucos y pensamos y repensamos las cosas. Cerramos los ojos y vemos las mismas imágenes otra vez. Volvemos a sentir rabia y lloramos cuando nadie nos ve.

A todos nos gustaría olvidar ciertas cosas. Quizá valga la pena odiarlas para huir de ellas hacia un futuro mejor. Repite conmigo: “te odio tanto que no vale la pena que piense más en ti”.

No te sientes mejor inmediatamente pero a la larga ¡funciona!

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Delega y que la mierda se la coma otro

Ese parece ser el leivmotiv de la empresa en la que trabajo. Nada de “reunámonos y veamos como entre todos buscamos soluciones” o “espera que me ocupo yo, que es a quien verdaderamente corresponde y me pagan por ello”.
Al contrario. La mierda va bajando por escalones jerárquicos hasta llegar a alguien que no le puede pasar el marrón a nadie y que no tiene ni idea de lo que tiene que hacer, osea yo.
Qué bien! Cómo me gusta! No en realidad es un asco y me dan ganas de tirarle el portátil a alguien. Pero bueno, ya me calmo y lo escribo en este blog que por lo menos desfoga y no pierdo lo que me da de comer.

Juuuuuu.

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De la mano como los niños

Como solía decir Orson Welles, nacemos solos y morimos solos. ¡Qué putada! Sin embargo durante algunos momentos de nuestra vida alguien nos lleva de la mano y nos dice lo que tenemos que hacer. Nos impide que miremos al precipicio. Pero antes o después serás tú solo quien deba enfrentarse a las adversidades, tomar decisiones y asumir tus errores. En eso consiste la triste realidad de hacerte mayor, en acostumbrarte a tener toda la responsabilidad y sufrir las consecuencias. La vida te enseña con el tiempo pero el tiempo pasa deprisa y a veces no aprendemos nada.

Todo esto para decir, tengo miedo del mañana. Miedo a que no sea como me lo imagino hoy. Mi destino está en mis manos pero no soy libre al 100% de decidir lo que quiero. Solo puedo consensuar mis movimients con aquellos que me rodean y eso me mata. Así que hecho de menos que me lleven de la mano y me libren de todo mal  pero por otro lado si tengo que achacar las consecuencias quiero poder decidir yo.

Repito, ¡qué putada esto de hacerte mayor!

 

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Punzada dolorosa

La vida es una soberana mierda (hala ya lo he dicho). Sobre todo para aquellos que padecemos de una terrible dolencia llamada “corazón sensible”, como es mi caso. Para mí un disgusto es como una patada en el estómago y dejo de respirar un rato. Solo puedo mirar al horizonte con la mente en blanco como si al final de las nubes estuviesen todas las respuestas.

Hoy me he enterado de que un ser glorioso que creía que era mío ha dejado de ser mío. Es de otra persona, de otro ser que seguro no siente como siento yo.

Pero claro, ni es mío ni yo soy mejor que nadie. Así que torta en la frente y culetazo al suelo. Ahora toca levantarse pero antes debo tumbarme un rato aquí en la miseria. Saber a qué sabe la derrota para no volver a probarla la próxima vez.

Lo que me da pena es que ese ser valía la pena. Me hubiera querido tanto tantísimo. Pero en el fondo de mi alma sé que no era para mí. Hubiera durado unos maravillosos momentos llenos de felicidad verdadera pero pasajera. No era para mí, pero me hubiera gustado tanto que lo fuese.

Tengo dependencia de una fantasía. Y sin embargo real porque duele como un puñetazo en la boca del estómago.

La vida es una soberana mierda (hala ya lo he dicho).

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Traballinear

Cuando estás hasta arriba de trabajo, malo. Pero cuando estás ocioso, peor. Te da por pensar, por comer, por dar mil vueltas al salón. Encerder y apagar la tele con la esperanza de que den algo, pero no…Sexo en Nueva York repe, peli mala de Antena 3, cotilleo en Telecinco, Callejero repe repe repe, Los Simpsons repes, Aquí no hay quien viva o en su defento La que se avecina. Joé…si repiten tanto ahora la programación en 2 años no podrán echar nada más que Verano Azul.

Joé cómo me aburro! Claro que podría ser peor. Podría tener trabajo que hacer.

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La excepción que confirma la regla

El metro. Ese lugar pequeño y pesadumbrado. Nadie es feliz en el metro. Las caras de la gente lo dicen. Millones de personitas pensando en sus cosas. Mirando los zapatos del de al lado. Leyendo por no mirar. Tumbados en las barras y los quicios de las puertas. Intentando no tocar al del asiento de al lado, no respirar su aire pero leyendo su periódico. Bueno, pues hay una excepción de tanta desidia y tristeza, las parejitas.

Las parejitas se miran, se besan, hablan de gilipolleces intrascendentes y absurdas y tan felices. Demuestran su calentón al mundo como diciendo, sí somos felices y nos queremos. Sí, morir de envidia. Sufrir forzando para no contemplar esta estampa. Sí, otro mundo es posible pero solo los elegidos lo disfrutaremos. Ahaha!

A gozarlo vosotros que podéis! Pero la venganza será nuestra.

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Guala, dos post en un día.

Desde que tengo este blog me he dado cuenta de que gusta escribir. Pero escribir a mí manera. Con erratas, faltas de ortografía y palabras inventadas. Mis favoritas: guala, uo, jooo y tonti. Con estos 4 cuasionomatopeyas puedo emitir un sinfin de estados anímicos y de juicios de valor.

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